Crea tu Propio Huerto Ecológico

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De sobra es conocido que consumir productos orgánicos o ecológicos puede resultar más caro que los productos convencionales, pero es importante saber las razones. Hay que tener presente que la producción convencional consiguen mantener precios bajos a base de forzar el crecimiento de los cultivos con fertilizantes y abonos químicos, la modificación genética, el engorde de los animales con hormonas de crecimiento y agua inyectada, y la mecanización e industrialización masiva en los procesos de producción.

Tampoco ayuda la falta de apoyo por parte de las administraciones con el mercado ecológico, que se traduce en un menor acceso a los grandes canales de distribución, algo que desde las organizaciones y asociaciones de productos ecológicos están luchando por cambiar.

Los Beneficios de Consumir Alimentos Orgánicos

Para que entendais los beneficios de consumir alimentos orgánicos o ecológicos pondré de ejemplo una simple y cotidiana lechuga. Su crecimiento con métodos naturales conlleva que permanezca unos dos o tres meses en la tierra, mientras absorbe nutrientes y realiza la fotosíntesis gracias a la radiación solar, mientras que la lechuga de cultivo químico estará en la tienda en unos 50 días, gracias al desarrollo acelerado forzado con nitratos y fitohormonas de aceleración vegetal.

Esto provoca que esa lechuga (y el resto de cultivos de producción convencional) sufra desequilibrios ecológicos y biológicos, que se traducirán en una mayor propensión a padecer toda clase de plagas y enfermedades que serán controladas con plaguicidas y pesticidas químicos, parte de los cuales permaneceran en la lechuga en el momento de ser consumida.

Por otro lado, las malas hierbas se controlarán a base de herbicidas químicos, cuyos residuos ya son habituales de las capas freáticas de la tierra y del agua potable de las zonas agrícolas.

¿Que necesitamos para crear nuestro propio Huerto Ecológico?

Un pequeño huerto ecológico no requiere ni demasiado tiempo ni esfuerzo, sólo ganas de estar en contacto con la naturaleza. Es una actividad muy creativa y sumamente gratificante, además de una excelente terapia antiestress, y no es necesario que os recuerde que es sano y ecológico.

El Espacio

Lo primero es calcular de cuanto espacio disponemos, pero para un pequeño huerto donde podamos cultivar las hortalizas y verduras de consumo habitual, tendremos bastante con 30 ó 40 metros cuadrados.

Si no tuvieramos suficiente espacio hay otras alternativas, como hacerlo en la terraza o el balcón, en grandes maceteros que tengan la profundidad suficiente para que las raíces se desarrollen sin problemas; otra posibilidad es participar en algún huerto urbano de nuestra localidad.

En el caso de una parcela de tierra, la distribución ideal es en bancales, con una anchura entre 1.20 y 1.50 metros, mientras que la longitud puede ser variada. Lo que si es importante es dejar entre los bancales una anchura mínima de 0.50 metros para maniobrar sin problemas, y sin pisar nunca la tierra de los bancales, pues esta se apelmazaría y reduciría su actividad biológica.

El Diseño y la Planificación

Diseñar el huerto es importante pues hay que distribuir bien los espacios disponibles para aprovecharlos al máximo y poder conseguir los mejores resultados.

Luego debemos planificar los cultivos que queremos tener en el huerto dependiendo de nuestros gustos culinarios, y averiguar las cantidades necesarias para nuestra familia.

Es importante conocer los ciclos de cultivo de cada planta o variedad y respetarlos, sin repetir en una determinada parcela una misma familia de plantas varios años seguidos, pues esto crearía parásitos, y no se aprovecharían adecuadamente los nutrientes que dejan las plantas para otra familia de plantas que los necesiten. Para ello se realiza la rotación de cultivos.

Las Herramientas

No necesitaremos muchas herramientas para las labores y mantenimiento de nuestro huerto: una azadilla o legón, una pala transplantadora, un rastrillo y un escardador, aunque muchas de las labores las podemos realizar con las manos, pues al no pisar la tierra está mullida y fácil de manejar.

Orientación y Luz Solar

Si nos es posible, orientaremos nuestros bancales hacia el sur -lo mismo si cultivamos en el balcón o terraza-, pero si no es posible, que por lo menos reciban varias horas de luz solar al día, ya que las plantas la necesitan para realizar correctamente la fotosíntesis, de la cual depende su desarrollo para la producción de todos sus nutrientes y vitaminas.

En caso de que la parcela o terraza no recibiese el sol directamente, usando una pared que refleje su radiación puede ser suficiente -pintándola de blanco para sacar el mayor provecho. Hay plantas que necesitan mucha luz, como pueden ser los tomates, pepinos, pimientos, berenjenas o pepinos, y otras crecen sin problemas con menos luz y calor, como son espinacas, acelgas, escarolas o coles.

Las Semillas y los Semilleros

Siempre será mejor que compremos semillas con certificación de producción ecológica, porque si las compramos de un vivero donde hacen uso de abonos químicos y plaguicidas las plantas estarán desvitalizadas. Cada vez hay más herbolarios que venden semillas ecológicas, también podemos encontrarlas en varios sitios de Internet, o podemos recurrir a las redes de intercambio de semillas ecológicas que promueven algunas asociaciones de agricultura ecológica o directamente de algún agricultor ecológico.

Antes de plantar nuestras semillas debemos comprobar si la época para su siembra es la adecuada, y comprobar cuanta luz necesitan para germinar, todos esta información debería venir en el sobre de las semillas que hemos comprado.

Conviene plantar las semillas en semilleros domésticos porque así las podemos controlar y cuidar mejor, por ejemplo cubriendo las plantas recien nacidas preservándolas de las heladas, lluvias fuertes… Estos semilleros podemos crearlos nosotros mismos, usando por ejemplo botellas de plástico cortadas por la mitad, botes de yogur grandes o tiestos pequeños.

La tierra que se suele usar para los semilleros es mucho más ligera, para permitir a la planta crecer sin problemas, y debemos asegurarnos de no enterrar demasiado las semillas, de lo contrario, tendrán dificultades para crecer. Una vez plantadas podemos protegerlas con una capa de vermiculita, que es un tipo de roca volcánica muy ligera que protege la tierra y la planta, asegurándoles calor, minerales y que el sustrato no se quede nunca seco.

Podemos colocar estos semilleros en el alféizar de una ventana donde vayan a recibir suficiente sol. Una vez tengan el tamaño adecuado se trasplantan al huerto o el macetero, con cuidado de no dañar las raices.

El Agua

El agua es obviamente importante, pero tan malo es no regar lo suficiente, como lo es pasarse. Si no regamos suficiente nuestras plantas no se desarrollarán adecuadamente, y se volverán duras, con tendencia a espigarse o montar en flor; mientras que un exceso de agua creará problemas de hongos parásitos y podredumbre.

Se aconseja un sistema de riego localizado mediante tubos de goteo, con los goteros intercalados cada 30 ó 40 cm o con mangueras de exudación, y un sencillo programador de riego, que conectando el sistema a un grifo nos permitirá que las plantas se rieguen 15 minutos cada día o media hora cada dos días. La ventaja de este sistema es que nos permite ausentarnos durante largos períodos de tiempo sin que nuestro huerto sufra por falta de riego.

La Nutrición

En la agricultura orgánica o ecológica se da mucha importancia a nutrir la tierra, para ello tenemos que incorporar con regularidad abono orgánico (compost), que es un abono natural de alta calidad fertilizante.

El compost se obtiene de la descomposición de la materia orgánica como pueden ser restos de vegetales y animales, estiércol, residuos orgánicos y purinas, por medio de un proceso microbiano. Las lombrices de tierra son también imprescindibles, por convertir los desechos que comen en el mejor fertilizante natural y además oxigenan la tierra acelerando el proceso de descomposición y evitando los malos olores.

El compost debe realizarse en un medio húmedo, caliente y aireado, y hay que moverlo una o dos veces al mes para oxigenarlo. Pero si por cualquier circunstancia no podemos crear nuestro propio compost, podemos comprarlo en cualquier tienda especializada en jardinería.

Las necesidades de nutrientes varían de una planta a otra, por ejemplo, las zanahorias o judías requieren un compost muy descompuesto, mientras que las patatas, tomates o alcachofas, necesitan materia orgánica a medio descomponer. Por ello es conveniente realizar la rotación de cultivos, pues esta permite aprovechar al máximo la materia orgánica aportada por cada familia de plantas, por ejemplo, tras plantar tomates al que hemos abonado con gran cantidad de compost (de 4 a 10 Kg por m2), podemos cultivar lechugas sin añadir más compost y, al cosechar las lechugas, podemos sembrar zanahorias o guisantes (cualquier leguminosa), que aprovecharán al máximo los sobrantes de materia orgánica. Cuando cosechemos, podemos añadir de nuevo compost y empezar el nuevo ciclo con otras plantas exigentes como los pimientos, berenjenas, calabacines, etc.

Plagas y Parásitos

La experiencia nos demuestra que las plantas cultivadas de forma sana y respetando sus ciclos biológicos y ecológicos mantienen a raya a la mayoría de parásitos y enfermedades, siendo muy pocas las ocasiones en que hay que intervenir en su ayuda y, para esas ocasiones, los agricultores ecológicos disponen de numerosas plantas medicinales reforzadoras de las plantas cultivadas o repelentes de parásitos naturales a base de extractos de plantas o minerales, carentes de toxicidad para los consumidores y los cultivos tratados.

Gracias a la rotación de cultivos disminuyen los problemas con las plagas y las enfermedades pues al no encontrar un huésped, tienen más dificultad para sobrevivir.

Como complemento a la rotación de cultivos podemos realizar el control biológico, que es un método de control de plagas, enfermedades y malezas que consiste en utilizar organismos vivos con objeto de controlar las poblaciones de otro organismo.

Malas Hierbas

Las malas hierbas son una de las peores enemigos de las cosechas, con la práctica del acolchado orgánico con paja o restos vegetales se reduce considerablemente su presencia, además de proteger el suelo y las bacterias de la radiación solar perjudicial, y ayuda a minimizar la evaporación del agua, reduciendo las necesidades de riego.

También la rotación de cultivos ayuda a controlar mejor las malas hierbas, ya que estas a menudo están adaptadas biológicamente a un determinado cultivo alimentario, por lo que el cambio lleva a reducir su presencia.

La técnica de la solarización es útil para eliminar las semillas y plantas jóvenes de malas hierbas, así como muchas enfermedades y plagas del suelo, y evita que tengamos que usar productos químicos. Consiste en colocar láminas transparentes de polietileno sobre la tierra húmeda durante los meses calurosos del verano, con lo que la temperatura del suelo aumenta a un nivel que es letal para las malas hierbas.

Tópico

Existe un tópico y que generalmente no se corresponde con la realidad, que dice que el cultivo ecológico tiene tantos problemas que no es posible llevarlo a cabo y sólo se consiguen cosechas mediocres, alegando que, si todos los agricultores se pasasen a la agricultura ecológica, no se producirían suficientes alimentos y se incrementaría el hambre en el mundo.

Sin embargo, estudios recientes llevados a cabo mediante seguimiento de fincas durante diez años, han demostrado que se están consiguiendo mayores producciones por hectárea en las fincas de cultivo ecológico que en las convencionales de cultivo químico.

Fuentes y Enlaces

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